.   
 

 

 

Dr. Francisco Verdugo M.
Presidente del Comité de Medicina Deportiva SOCHIPE

Deportes y actividad física en verano


La actividad física es beneficiosa a lo largo de todo el año, aunque se debe acompañar de cuidados y precauciones extra cuando se realiza en el período estival. Con la llegada de un mejor clima y mayor luz diaria, espontáneamente deberían surgir las ganas de salir, jugar y permanecer más tiempo al aire libre. Sin embargo nuestra realidad demuestra que por un ambiente psicosocial y motor poco estimulante, nuestros niños están prefiriendo quedarse sentados frente al computador o la televisión más horas de las deseadas. Gran responsabilidad tiene el mundo adulto, que no les demuestra con hechos lo entretenido y gratificante que puede ser realizar actividad física. Recordemos la encuesta presentada por Chiledeportes el 2007: el 87,2 % de los chilenos mayores de 18 años es sedentario. Por el contrario, cuando los padres realizan algún deporte recreativo en forma regular, y sobre todo si hacen participar a sus hijos, lo más probable es que en ellos se cree el hábito de realizar deporte, lo que llevará a un adulto con menos riesgos de enfermedades crónicas no transmisibles, que son nuestro gran dolor de cabeza actual en lo que a salud pública se refiere.

 

¿Cuáles son los beneficios y riesgos de realizar deporte durante el verano?

 

La actividad física, independiente de la estación del año, es de gran importancia en el desarrollo del individuo, tanto en el plano biológico como emocional. Permite el estímulo necesario para el desarrollo y manutención de la integridad estructural y funcional de los sistemas cardiovascular, músculo-esquelético y nervioso. Las actividades al aire libre favorecen el desarrollo de las estructuras perceptivo-motrices, logrando una mejor conquista del espacio y organización espaciotemporal de los mas pequeños, logrando así una mejor representación mental de su cuerpo, de sus posturas, de sus movimientos, mejorando la adquisición progresiva del dominio motor. También contribuyen al desarrollo de aptitudes como la concentración, la anticipación, el análisis rápido de situaciones y toma de decisiones en ámbitos concretos, que se necesitarán cuando tenga mayor edad.

Hay que destacar que la mejor forma de adquirir y mantener conductas saludables en los niños y adolescentes a largo plazo, es a través del ejercicio, que crea patrones regulares de actividad física, reduciendo el riesgo de enfermedades crónicas como obesidad, insulino resistencia, diabetes mellitus 2, depresión y un sinnúmero de patologías asociadas de la edad adulta como artrosis, cáncer (colon, mama y endometrial), HTA, por nombrar algunas.

Los riesgos que se tiene al realizar deporte en verano, y sobre todo en los deportistas de edad pediátrica, son principalmente producto del calor. Los niños son más susceptibles a lesiones por tensión térmica, debido a su menor capacidad de disipar calor mediante la sudoración cuando hace ejercicio en un ambiente caluroso. Sus glándulas sudoríparas aunque se encuentran en un número normal, tienen una velocidad de sudoración más lenta y son menos sensibles a los aumentos de temperatura central del cuerpo en comparación con los adultos, lo que conlleva además una aclimatación más lenta. Recordemos que el calor corporal se puede perder en forma de radiación, convección, evaporación y conducción, por lo que los principales factores ambientales que pueden causarnos problemas en la pérdida de calor corporal a la hora de hacer deporte en verano son: la temperatura del aire, la humedad relativa, el movimiento del aire y la radiación. Si el ambiente es caluroso y seco, al estar el aire menos saturado de agua, aumentará las pérdidas por evaporación; en cambio en ambientes calurosos y húmedos, al existir más humedad relativa, la capacidad de evaporar el sudor disminuye (Con niveles de humedad de 90-100% la pérdida de calor a través de evaporación es cercana a cero), pudiendo aumentar la temperatura corporal hasta hacerlo riesgoso para el deportista. El aire quieto limita el calor que se disipa mediante convección. El calor radiante proveniente del sol puede crear una carga de calor adicional, por lo que es recomendable mantenerse el mayor tiempo posible bajo la sombra. Para prevenir estas complicaciones secundarias al calor, existen recomendaciones clásicas que deben tenerse en cuenta a la hora de hacer ejercicios:

  • Revisar las condiciones ambientales antes de hacer ejercicio.

  • Hacer ejercicio en lo fresco de la mañana o tarde, para evitar el calor del día.

  • Uso mínimo de ropa, que permita la circulación del aire, de color claro para que refleje el calor radiante y porosa para permitir la evaporación.

  • Dar de beber líquidos antes, durante y después del ejercicio para mantener al niño bien hidratado. La reposición de volumen deberá ser según la capacidad gástrica de cada uno para que no le genere molestias, en intervalos de 15-30 minutos, con hasta 250ml de agua o bebidas isotónicas si el ejercicio durara más de una hora. No esperar que al niño le de sed, porque es un estímulo muy tardío para reponer las pérdidas de agua.

  • Hay que estar alerta respecto a los signos y síntomas de deshidratación, agotamiento térmico o golpe de calor: Sensación de sed, dolores de cabeza, irritabilidad, debilidad y una importante reducción del rendimiento deportivo. Los escalofríos, la piel de gallina, brazos adormecidos, mareo, fatiga, desorientación mental, náusea y cefalea son algunos síntomas que pueden significar el inicio de una enfermedad térmica. En todos los casos, es imprescindible detener la práctica deportiva e iniciar una rápida rehidratación.

  • Para la protección solar es indispensable el uso de gorras y lentes para proteger la cabeza y los ojos de los efectos del sol. Además de utilizar bloqueador solar (ojalá water proof) para proteger la piel. Recordemos que el 80% de la exposición solar en la vida, ocurre antes de los 18 años de edad.

¿Qué deporte recomendaría para los niños que no practican deporte regularmente durante el año escolar?

 

El inicio de la actividad deportiva en cualquier persona que no realiza regularmente actividad física, siempre debe ser paulatinamente progresivo y ojalá de mano de alguien capacitado en la materia, para que le entregue una buena orientación y consejo. No es raro ver en nuestros adolescentes, que una vez iniciado la temporada de sol y al “tener que mostrar más piel” recuerdan que tenían un cuerpo que cuidar y comienzan a realizar ejercicios, cualquiera que sea, con una intensidad, una frecuencia y un tiempo de recuperación que es inadecuado para cada individuo, aumentando el riesgo de lesiones y por ende, frustración e inactividad secundaria “por culpa del deporte”.

En el caso específico de los niños, más que recomendar un tipo de deporte, lo que recomendaría es que hagan una actividad física que les entretenga, que les motive y ojalá que no sea impuesta por los mayores. En cuanto a la intensidad y tiempo de duración de la actividad física, en general es regulada por el propio niño, por lo que sólo debería asegurarse un lugar y medios para que los realice en condiciones seguras. Un dato interesante al respecto es que si permitimos a los niños realizar juegos en forma libre, gastan mucho más energía que en las clases de educación física que se imparten en nuestros colegios durante el año escolar.

 

¿Que beneficios emotivos o valóricos se enfatizan con la práctica regular de una disciplina deportiva?

 

La realidad psicológica del niño, por ser una persona en rápida evolución, presenta períodos en que su personalidad se remodela y reorganiza frente a sus vivencias. Con el deporte, al ir adquiriendo nuevas aptitudes y modos de entender la realidad, mejora y sostiene una autonomía inicialmente frágil. La práctica deportiva enfrenta a los niños con sus propios resultados, pudiendo compararlos con los de sus semejantes logrando un desarrollo y evolución del Yo; aunque se debe tener cuidado cuando se cae en un concepto errado de competición: el éxito y fracaso tiene un papel en la evolución, la aceptación de los resultados debe conducir a la toma de conciencia de sus propias limitaciones y capacidades, y para eso es fundamental el apoyo del adulto, ya sean padres, profesores o entrenadores, que tienen la responsabilidad de guiarlos en forma conciente y responsable.

El deporte también mejora la sociabilización y le da sentido de pertenencia a un grupo que le sirve de apoyo emocional además del mundo familiar y escolar.

Muchos deportes involucran reglas, por lo que a medida que se desarrolla la práctica deportiva, mejora la comprensión y a la aceptación madura de normas y leyes, necesarias para la vida en común. Especial mención tienen los niños con psicopatologías, en quienes la práctica deportiva resulta muy beneficiosa. Como complemento en psicoterapias, se utiliza en síndromes ansiosos, psicopatías agresivas, dificultades relacionales y depresiones. El tipo de deporte dependerá de la psicopatología, por ejemplo en ciertos cuadros psicóticos se recomiendan las actividades acuáticas, en cambio, escalada o deportes mecánicos han logrado éxitos con jóvenes tendientes a la delincuencia.

 

¿De qué manera se puede fomentar la práctica de deportes en niños en Chile?

 

Las evidencias actuales muestran que las intervenciones en la edad escolar son las más efectivas en aumentar la duración de la actividad física diaria, reduciendo las horas dedicadas a ver televisión y mejorando el nivel de rendimiento físico tanto individual como general. Se infiere por lo tanto, que el lugar donde más tiene efecto el estímulo para realizar actividad física, es en la familia y en el colegio. En este último es el lugar donde deberíamos concentrar nuestros esfuerzos. A nivel ministerial se ha logrado poco, con sólo 90 minutos obligatorios semanales de educación física, que en la práctica se reducen a no más de 30 minutos de actividad física real y no siempre a cargo de un profesor que sabe manejar deportivamente a los niños. Intentando mejorar esta realidad se han realizado varios programas gubernamentales y de empresas privadas con mayor o menor éxito. Lo que se ha visto, es que terminando esa intervención, las conductas tienden a volver a la fase inicial. Mientras no se coordinen bien las prioridades entre salud y el Ministerio de Educación, que sólo mide sus resultados en pruebas académicas, va a ser difícil mantener el estímulo necesario para lograr un cambio de conciencia y de hábitos a nivel de sociedad.

 















 


Sociedad Chilena de Pediatría
Alcalde Eduardo Castillo Velasco 1838, Ñuñoa, Santiago, Chile. C.P. 6841638. Casilla 593. Correo 11
Tels.: (56-2) 237 1598 - 237 9757, Fax: (56-2) 238 0046